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Muhammad Alí: “Siempre recordaré el encuentro con el gran Teófilo en su Cuba natal”

Originally posted by CUBADEBATE

Un amigo de Cubadebate, Bob Schwartz, nos acaba de hacer llegar este comunicado de condolencia por la muerte de Teófilo Stevenson. Lo envía el más famoso de los boxeadores norteamericanos, Muhammad Alí:

“Me entristeció profundamente esta mañana la noticia de la muerte de uno de los grandes campeones del boxeo, Teófilo Stevenson. Aunque nunca peleó profesionalmente, haber ganado tres medallas de oro en tres Juegos Olímpicos diferentes, garantiza que él habría sido un enemigo formidable para cualquier otro campeón de peso pesado reinante o cualquier retador en su mejor momento. Siempre recordaré el encuentro con el gran Teófilo en su Cuba natal. Él fue uno de los grandes de este mundo, y a la vez fue un hombre cálido y abrazable. Mis condolencias para su familia y amigos. Que descanse en paz.”

Muhammad Ali

Hasta siempre, campeón-Teófilo Stevenson

Falleció en La Habana el Gran Campeón Teófilo Stevenson

Publicado en Cubadebate – 11-06-12 – MONCADA

Víctima de un infarto acaba de fallecer en La Habana el Tricampeón Olímpico y Mundial Teófilo Stevenson, el más grande boxeador amateur de la historia.
El Gigante del Central Delicias era conocido como Pirolo por sus amigos. Obtuvo todos los títulos de la Asociación Internacional de Boxeo Aficionado (AIBA), siendo Tricampeón olímpico y mundial; ganó 301 de los 321 combates celebrados a lo largo de 20 años en el ring. Al retirarse en 1988 pasó a trabajar en la Federación cubana de boxeo y en la Comisión Nacional de Atención a Atletas Retirados y en Activo, del INDER.

Nacido en Puerto Padre, Las Tunas el 29 de marzo de 1952 en el seno de una familia humilde, radicada en las cercanías del Central Delicias (hoy Antonio Guiteras), del municipio de Puerto Padre, en la entonces Provincia de Oriente; fue el primogénito del matrimonio formado por el inmigrante Teófilo Stevenson Pearson, oriundo de la isla antillana de San Vicente y la cubana Dolores Lawrence.

John Herrera, quien era amigo del viejo Stevenson, fue el primer entrenador del futuro gran campeón, quien le enseñó su estilo, el mismo que lo llevó, en sus años mozos, a ganar los títulos de campeón nacional en las divisiones semicompleta y completa en el boxeo profesional cubano allá por 1930 del siglo XX.
El primer combate ocurrió a los 14 años, en 1966. Peleó en la división de 71 kilogramos, en un cartel efectuado en un ring ubicado junto a las gradas del Estadio de béisbol Julio Antonio Mella, en Las Tunas, actual capital provincial. El inexperto muchachón perdió por puntos ante Luis Enríquez, un peleador que ya había celebrado cerca de 20 combates.
Tras positivas experiencias en lides de las categorías menores, ganó el título nacional juvenil en 1968 y un año después, perdió cerrada decisión en la pelea por la corona de los pesos completos ante Gabriel García, de Pinar del Río; en el máximo evento de este deporte en Cuba, el Torneo Playa Girón.
Andrei Chervonenko, entrenador de la Unión Soviética, que en ese entonces trabajaba con la preselección cubana de boxeo, se percató de las excepcionales condiciones del jovencito color ébano y propuso incorporarlo al grupo elite que se preparaba para los principales compromisos internacionales. En 1970 comenzó el largo reinado nacional de Stevenson y un año después, en los Juegos Panamericanos de Cali, Colombia; ganó la medalla de bronce, al caer por decisión dividida 3-2, ante el norteamericano Duane Bobick, conocido por la Esperanza Blanca.

El desquite fue histórico, porque 12 meses después, en los Juegos Olímpicos de Munich, Alemania; Teófilo se inscribió con letras de oro en el boxeo amateur mundial, cuando virtualmente destrozó al gigantón norteño y se erigió monarca absoluto de los pesos completos.

La brillante trayectoria de este boxeador lo llevó a obtener todos los títulos de la Asociación Internacional de Boxeo Aficionado (AIBA), con tres coronas olímpicas Munich 1972 Montreal 1976 y Moscú 1980 e igual número en Mundiales La Habana 1974, Belgrado 1978 y Reno, 1986. Pero la fama no lo envaneció y siempre asumió una posición caballerosa frente a cualquier rival, desde el menos connotado hasta el de mayor rango.

En los 20 años en el ring, 14 de ellos como estrella indiscutida, enfrentó a muchos púgiles de calidad, pero el que le resultó el más difícil de todos, fue el soviético Igor Visotski, quien lo derrotó en dos ocasiones, sin que tuviera oportunidad de conseguir el desquite. Un episodio interesante en la vida de Teófilo Stevenson fue cuando en la década del 80 del siglo pasado, hubo la intención, por parte de los dirigentes del boxeo profesional de Estados Unidos, de concertar una pelea frente al reconocido campeón mundial rentado de los pesos completos, Mohamed Alí.

Aquel posible enfrentamiento definiría, según los encargado de organizarlo, quién era el mejor pugilista del mundo en la máxima división. Por supuesto, el principal objetivo era obtener una gran suma de dinero que sería el saldo de lo que hubiera sido, sin lugar a dudas, la pelea del siglo. Las condiciones de aquel combate nunca llegaron a concretarse, porque debía efectuarse bajo las reglas del boxeo amateur.

Los mercaderes se quedaron con las ganas de adjudicarse una buena bolsa y los dos extraordinarios pugilistas, quienes son grandes amigos, no midieron jamás sus fuerzas sobre el ring, mas son igualmente admirados en todo el planeta, no solo por su grandeza en el deporte, sino por su enorme calidad humana.

Después de la formidable victoria en el mundial de Reno, Estados Unidos, en 1986, el gran campeón decide retirarse y en julio de 1988 durante el torneo internacional de boxeo Giraldo Córdova Cardín y de la inauguración de la Sala polivalente Leonardo McKenzie Grant en Las Tunas se le da la despedida.
El acto fue el colofón de un triunfal recorrido por las principales arterias de la ciudad, precedió al cartel final del histórico evento. Se retiraba el extraordinario boxeador que ganó 301 de los 321 combates celebrados a lo largo de 20 años en el ring.

La grandeza de Teófilo Stevenson Lawrence no puede medirse solo por las glorias deportivas; él es paradigma de hombre de estos tiempo, representativo de un pueblo que hizo la Revolución y construye el socialismo; un ejemplo a imitar por los jóvenes atletas de cualquier parte del mundo.

Las palabras certeras del Comandante en jefe Fidel Castro resumieron la trayectoria de este atleta de pueblo, cuando expresó:
“Teófilo Stevenson merece el reconocimiento del pueblo cubano por su éxito deportivo derivado de su disciplina, de su consagración al deporte, de su valor, de su moral (…) Creemos que él dejó un ejemplo todavía más valioso que eso y es el instante en que le hablaron de la posibilidad de ganarse un millón de dólares. Ese joven, hijo de humilde familia y un humilde obrero oriental, dijo que él no cambiaba su pueblo por todos los dólares del mundo.”

 

Hasta siempre, campeón-Teófilo Stevenson

ARIEL B. COYA
En cierta ocasión —a raíz de su convalecencia por un padecimiento cardíaco— afirmó Teófilo Stevenson que en la vida, como en el boxeo, los campeones no se retiran, que no se rinden, que nunca jamás abandonan una pelea. Así que desaparecido ayer, estará hoy seguramente en todas partes, en boca de todos, en los corazones y en la memoria.

Todavía muchos recuerdan la famosa revancha de Stevenson ante la “Esperanza Blanca”.

Lo estará porque fue grande como pocos dentro del cuadrilátero, pero también porque fue muy bueno fuera de él, al punto de convertirse en una de las figuras más encumbradas del deporte, sin que el brillo de tanta gloria llegara a cegarlo. Siempre fue tan sensible como caballero.

Con apenas 17 años, se ganó la admiración de todos al lograr en 1969 la medalla de plata del Torneo Playa Girón, que lo llevó a entrenar con el ucraniano Andrei Chervonenko y Alcides Sagarra. Su éxito no resultó tan meteórico como cabría suponer.

Tras la derrota ante el estadounidense Duane Bobick en los Panamericanos de Cali’71, surgió el extraordinario púgil que conquistaría luego tres títulos olímpicos, tres mundiales e infinidad de trofeos entre los pesos pesados, con 302 victorias en 321 combates, a lo largo de una carrera deportiva que le valió ser incluido por el COI entre los diez mejores atletas del siglo XX.

En Múnich’ 72, de hecho, ganó por KO todas sus peleas, antes de convertirse extraoficialmente en el primer púgil campeón de Cuba por la no presentación en la final del rumano Ion Alexe. Y tomó revancha por fin de la llamada “Esperanza Blanca” norteamericana, derribándolo hasta en tres ocasiones durante el tercer asalto, por lo que el federativo estadounidense Robert Surkein aseguró: “El Stevenson que vi ganarle a Bobick era entonces superior al Clay que ganó los 81 kilos en Roma’60 y al Frazier y al Foreman que ganaron en la división superior en Tokio’64 y en México’68”.

Mientras, su rival en semifinales, el alemán Peter Hussing recordaría luego que nunca, en sus 212 combates como boxeador aficionado, recibió tanto castigo como frente al cubano: “Uno no tiene tiempo de ver su derecha. Y cuando la ve, es porque la tiene ya sobre el mentón”.

Tal era la calidad de su estilo y la potencia demoledora de su pegada que Enmanuel Steward llegó a opinar sobre Teo: “Es el peleador más perfectamente balanceado que yo haya visto jamás”.

Y eso que, según Sagarra, Stevenson a veces sobrellevaba demasiado a los contrarios.
Pero el caso es que no pasó mucho tiempo sin que sus virtudes atrajeran a diversos mercaderes que se frotaban las manos para el boxeo profesional previendo lo que llegó a promocionarse como la Pelea del Siglo, entre él y Muhammad Alí.

“Sería fenomenal como profesional”, llegó a afirmar alguna vez un extasiado Don King. Mientras, Angelo Dundee, manager del legendario púgil afroamericano recordaba: “Todo el mundo quería a Teófilo. Yo nunca estuve tras de él, pues tenía al campeón. Tenía a Alí. Tenía al individuo que iba a vencerlo, ¿ves? Pero todo el mundo quería a Teófilo, y digo todo el mundo. Iban a darle un millón de dólares. Y un millón de dólares entonces era dinero”.
A ese ofrecimiento, sin embargo, Stevenson respondió apelando a su cubanía con aquel famoso: “Prefiero el cariño de ocho millones de cubanos. Y no cambiaría mi pedazo de Cuba ni por todo el dinero que me puedan ofrecer”.

De modo que el tan esperado combate nunca tuvo lugar, por diversas razones, aunque Teófilo con su habitual sencillez sentenció: “Alí ha dicho varias veces que la pelea habría sido un empate y yo también lo creo”.

Retirado desde 1988, nunca se alejó de los cuadriláteros, como en aquellos tiempos en que sus encarnizados combates con el pinareño Ángel Milián desataban la ovación del público. Y hace una semana, durante la final del Córdova Cardín se le pudo ver sonriente, jaranero, fiel a su pasión boxística.
Hay hombres que no mueren nunca porque perviven para siempre en el imaginario colectivo de muchos otros, de todo un pueblo. Por sus hazañas, por sus incontables méritos, a esa estirpe pertenece Stevenson.

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